Nos equivocaríamos si hiciéramos caso de los tópicos que han corrido en exceso sobre los últimos meses del gobierno catalán. Para la gente de la época el conflicto sucesorio entre Carlos de Habsburgo y Felipe de Borbón era un problema político, cuya solución debería ser también política. Ya se habían visto cosas semejantes en Cataluña, por ejemplo en 1412 cuando Jaume de Urgell se enfrentó a Fernando de Antequera por el trono. Solo para nosotros, que estamos al corriente de lo que sucedió en los dos siglos y medio siguientes, ése fue el fin del autogobierno catalán. Para el viajero que franqueaba las viajes murallas medievales, Barcelona aparecía en su innegable esplendor. Jamás, por otra parte, había sido tan bella, aunque hubiese pasado desde Carlos V al rango de museo simbólico de las grandes glorias del pasado.
jueves, 18 de febrero de 2010
España, una nueva historia. (79)
Nos equivocaríamos si hiciéramos caso de los tópicos que han corrido en exceso sobre los últimos meses del gobierno catalán. Para la gente de la época el conflicto sucesorio entre Carlos de Habsburgo y Felipe de Borbón era un problema político, cuya solución debería ser también política. Ya se habían visto cosas semejantes en Cataluña, por ejemplo en 1412 cuando Jaume de Urgell se enfrentó a Fernando de Antequera por el trono. Solo para nosotros, que estamos al corriente de lo que sucedió en los dos siglos y medio siguientes, ése fue el fin del autogobierno catalán. Para el viajero que franqueaba las viajes murallas medievales, Barcelona aparecía en su innegable esplendor. Jamás, por otra parte, había sido tan bella, aunque hubiese pasado desde Carlos V al rango de museo simbólico de las grandes glorias del pasado.
miércoles, 17 de febrero de 2010
España, una nueva historia. (78)
El 11 de abril se llegó al acuerdo que más tarde se conoció como la paz de Utrecht. Los Países Bajos católicos, el reino de Nápoles, Cerdeña y el ducado de Milán quedaron en manos del emperador Carlos VI. El duque de Saboya se anexionó la corona de Sicilia. Inglaterra se reservó Menorca y Gibraltar y, a costa de Francia, Terranova y la Acadia, la isla de San Cristóbal, en las Antillas, y los territorios de la bahía de Hudson. A eso hay que sumar sus privilegios en el mercado de esclavos, mediante el derecho de asiento. El 10 de julio firmaba la paz de Utrecht.
martes, 16 de febrero de 2010
España, una nueva historia. (77)
"señores, aquí tenéis al rey de España", exclamó Luis XIV delante de un grupo de cortesanos, funcionarios y diplomáticos en uno de los salones de Versalles; y luego, dirigiéndose a su nieto, el duque de Anjou, dijo con voz algo más quebrada: "Sé buen español, ése es tu primer deber, pero acuérdate de que has nacido francés, y mantén la unión entre las dos naciones; tal es el camino de hacerlas felices y mantener la paz en Europa".
lunes, 15 de febrero de 2010
España, una nueva historia. (76)
Resulta tentador mirar la historia de España, desde el decisivo año a escala mundial de 1688 hasta el no menos decisivo de 1713, con la firma del tratado de Utrecht, como la larga travesía entre el sistema político de los Habsburgo, con su respeto a las instituciones privativas de los diferentes pueblos de la periferia Ibérica, al de los Borbones, con una decisva política en pos de un estado centralista; es decir, el pasaje al Estado nacional. Fueron años turbulentos porque lo que estaba en juego era algo más que el nombre de la dinastía que ocuparía el trono en Madrid: la viabilidad de una nación llamada España.
España, una nueva historia. (75)
El tipo humano de "español" se fraguó por entonces: áspero a la vez que divertido, celoso, bravucón, lenguaraz, perezoso. Desde su posición de ciudadano reciente de la villa y corte observaba cierta tendencia a rememorar con afecto la vida en sus pueblos de origen, olvidando que se trataba de un mundo limitado, creado bajo severas circunstancias de opresión y miseria. Cabe preguntarse qué deseaban los inmigrantes a mediados del siglo XVIII. En primer lugar, mejores oportunidades económicas, deseaban, como mínimo en ese sentido, un mundo más abierto y festivo que el dejado atrás en sus aldeas. Soñaban con la riqueza marginal generada por la corte, con la posibilidad de obtener un oficio o un cargo que permitieran un ascenso social para él y para los miembros de un afamilia. No obstante, esos inmigrantes empezaron a sentir el desencanto del fracaso de la monarquía de Felipe IV, al comprobar que no era oro todo lo que relucía en los decorados barrocos.
sábado, 13 de febrero de 2010
España, una nueva historia. (74)

Después de 1648. España se enfrenta al grave problema de la reconstrucción política e intelectual. Lo mismo que otros muchos paíeses de Europa, que había compartido con ella los desastres de la Guerra de los Treinta Años; pero lo hará de forma diferente, basándose en otros principios políticos, económicos y culturales. Sin profundizar en la noción cartesana de certeza, sino más bien insistiendo en ese acercamiento aproximado a la realidad, donde aún se percibe el sello de un pasado glorioso pero ya ineficaz. No se había aprendido que el racionalismo se había convertido en un gesto seductor. a la larga, ¿no se cimentaría sobre sus recias espaldas el deseo de una armonía social y política para Europa? Poco se hizo en España en estos años. Aquí se perdió una oportunidad.
viernes, 12 de febrero de 2010
España, una nueva historia. (73)

La historia de España no se explica sin Olivares, el cortesano supremo. Entre 1621 y 1643 dirigió la política de Felipe IV con auttoridad. Es el héroe de la monarquía de los Habsburgo y quizás el responsable de su ruina. Siempre a caballo, quizás por el famoso retrato que le hizo Velázquez en 1634, su mirada inquisitiva mide la multitud, busca con rapidez los resquicios de su gran pasión en la vida, el poder. Sabe que es importante actuar diligentemente pero con fimeza. Tenía casi cincuenta años cuando el rayo de la fama iluminó su rostro (un rostro que vemos quizás mejor en otro retrato de Velázquez, hoy en el Hermitage) y estaba a punto de culminar su gran obra política en Madrid, la ciudad más curiosa e intrigante del mundo en aquellos años. La paradoja de su vida consiste en querer convertir un artificioso sistema político en el fundamento de una nación moderna, que pudiera llamarse con orgullo España.
España, una nueva historia. (72)
El paisaje de España en la primera mitad del siglo XVII hubiera sido mucho más convencional de no haber existido un proyecto político europeo forzosamente trabajado por los validos de Felipe II y Felipe IV, los dos reyes de la casa de Habsburgo que reinaron en esos años, el duque de Lerma y el conde-duque de Olivares. A diferencia de otros países de Europa, en especial Francia e Inglaterra, que corrían en pos de una modernización de sus clases sociales que desenvocó en un caso en la cultura libertina y en el segundo en la revolución puritana de Cromwell, en España se hizo todo lo posible para evitar la aparición de grandes disparidades entre la monarquía y el estatus nobiliario.
jueves, 11 de febrero de 2010
España, una nueva historia. (71)
En su inmensa mayoría, los moriscos expulsados se establecieron en el norte de África, otros muchos negociaron con las autoridades otomanas para poder instalarse en los territorios musulmanes de los Balcanes y un pequeño grupo consiguió regresar a España. Fue el caso de Ricote, según cuenta Cervantes en la segunda parte (capítulo LIV) del Quijote. En medio de un camino, Sancho acude junto a una comitiva de peregrinos con ropa extranjera y uno de ellos se le acerca dando grandes señales de júbilo ante la extrañeza del aludido exclamando desde una honda pena: "¿Cómo es posible, Sancho Panza, hermano, que no conoces a tu vecino, el morisco, tendero de tu lugar?". A lo que, tras recuperarse de la sorpresa, contesta: "¿Cómo diablos te había de reconocer, Ricote, en ese traje de moharracho que traes? Dime: ¿quién te ha hecho franchote, y cómo tienes atrevimiento de volver a España, donde si te cogen y conocen tendrás harta mala ventura?".
domingo, 7 de febrero de 2010
España, una nueva historia (70)

Que la historia de España se repita es una cuestión fatua, ya que puede suceder que en algún caso adopte el disfraz de una parodia de lo anterior; pero los efectos que tiene la idea de que algo volverá a ocurrir resultan devastadores para la imaginación moral. En el hecho de la repetición subsiste por un lado la capacidad de sentir un acto como ejemplar, como cuando Felipe II se mira en Recadero al formular su programa político; y por otro, el sentido de un destino vinculado a una forma de ser. Nunca nada cambiará en la historia de España: una convicción peligrosa, que induce al desánimo incluso en el campo de batalla.
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