El paisaje de España en la primera mitad del siglo XVII hubiera sido mucho más convencional de no haber existido un proyecto político europeo forzosamente trabajado por los validos de Felipe II y Felipe IV, los dos reyes de la casa de Habsburgo que reinaron en esos años, el duque de Lerma y el conde-duque de Olivares. A diferencia de otros países de Europa, en especial Francia e Inglaterra, que corrían en pos de una modernización de sus clases sociales que desenvocó en un caso en la cultura libertina y en el segundo en la revolución puritana de Cromwell, en España se hizo todo lo posible para evitar la aparición de grandes disparidades entre la monarquía y el estatus nobiliario.
viernes, 12 de febrero de 2010
España, una nueva historia. (72)
El paisaje de España en la primera mitad del siglo XVII hubiera sido mucho más convencional de no haber existido un proyecto político europeo forzosamente trabajado por los validos de Felipe II y Felipe IV, los dos reyes de la casa de Habsburgo que reinaron en esos años, el duque de Lerma y el conde-duque de Olivares. A diferencia de otros países de Europa, en especial Francia e Inglaterra, que corrían en pos de una modernización de sus clases sociales que desenvocó en un caso en la cultura libertina y en el segundo en la revolución puritana de Cromwell, en España se hizo todo lo posible para evitar la aparición de grandes disparidades entre la monarquía y el estatus nobiliario.
jueves, 11 de febrero de 2010
España, una nueva historia. (71)
En su inmensa mayoría, los moriscos expulsados se establecieron en el norte de África, otros muchos negociaron con las autoridades otomanas para poder instalarse en los territorios musulmanes de los Balcanes y un pequeño grupo consiguió regresar a España. Fue el caso de Ricote, según cuenta Cervantes en la segunda parte (capítulo LIV) del Quijote. En medio de un camino, Sancho acude junto a una comitiva de peregrinos con ropa extranjera y uno de ellos se le acerca dando grandes señales de júbilo ante la extrañeza del aludido exclamando desde una honda pena: "¿Cómo es posible, Sancho Panza, hermano, que no conoces a tu vecino, el morisco, tendero de tu lugar?". A lo que, tras recuperarse de la sorpresa, contesta: "¿Cómo diablos te había de reconocer, Ricote, en ese traje de moharracho que traes? Dime: ¿quién te ha hecho franchote, y cómo tienes atrevimiento de volver a España, donde si te cogen y conocen tendrás harta mala ventura?".
domingo, 7 de febrero de 2010
España, una nueva historia (70)

Que la historia de España se repita es una cuestión fatua, ya que puede suceder que en algún caso adopte el disfraz de una parodia de lo anterior; pero los efectos que tiene la idea de que algo volverá a ocurrir resultan devastadores para la imaginación moral. En el hecho de la repetición subsiste por un lado la capacidad de sentir un acto como ejemplar, como cuando Felipe II se mira en Recadero al formular su programa político; y por otro, el sentido de un destino vinculado a una forma de ser. Nunca nada cambiará en la historia de España: una convicción peligrosa, que induce al desánimo incluso en el campo de batalla.
España, una nueva historia (69)
España tuvo una gran oportunidad histórica en la segunda mitad del siglo XVI, cuando el manierismo era la corriente artística dominante, una época prometedora en la que se llegó a creer firmemente que la ignorancia y la superstición quedarían atrás gracias al trabajo de los predicadores, dando paso a un gran futuro que, tras la victoria sobre los franceses en San Quintín, ya no era un viejo sueño borgoñón, sino una realidad nacional. Felipe II ordenó construir El Escorial, edificio que evocaba el inicio de una era española en la cultura mundial. En un período de prosperidad, el rey y sus cortesanos imaginaban una sociedad capaz de conciliar el lujo privado con el gasto público. Un indicador de esa confianza fue la implicación en el conflicto que enfrentaba al imperio otomano y a la República de Venecia.
sábado, 6 de febrero de 2010
España, una nueva historia (68)
Las élites que rodearon a Carlos V se rebelaron contra la España profunda, al imaginarla como una nación atrasada, reaccionaria, represiva en su moralidad sexual, de gustos plebeyos, pagada de sí, torpe y vulgar. Los que aspiraban a incorporarse a la corte debían vincularse cuanto antes al dinero, a la moda y la cultura del mercado mundial. No está claro, y se sigue debatiendo, si se consideraban a sí mismo españoles, aunque desde luego utilizaban el castellano en sus escritos pero no en sus conversaciones, que probablemente eran en francés o italiano, las dos lenguas internacionales de aquellos años. El patriotismo de las ciudades medievales no se encontraba entre las virtudes más apreciadas por ellos. El humanismo, por el contrario, les sentaba perfectamente ya que evocaba la agradable imagen de una Europa unida bajo el emperador, sin el peso del inextricable papado ni de los adustos clérigos reformadores, donde se podían saborear indiscriminadamente platos de la renovada cocina veneciana o francesa, madrigales ingleses y poesía italiana o francesa, sin preguntas ni compromisos.
España, una nueva historia (67)
La conquista de Tenotchtitlán por Cortés se dibuja como un relato paralelo a la historia de España del siglo XVI. Si me vuelvo para abarcarla de una sola mirada, apoyado en los documentados estudios de R.C. Padden, W.H. Prescot y Hugh Thomas, se me antoja extrañamente corta y llena de enigmas. En menos de dos años Cortés y sus hombres llevaron a cabo una brillante conquista militar de un imperio de dos millones de personas, pero también la aniquilación de las poblaciones indígenas, la destrucción de la agricultura local y la exportación, inadvertidamente, de la viruela, el sarampión, la gripe y otras enfermedades. La guerra y las epidemias acabaron con centenares de miles de psersonas en unos cuantos meses.
viernes, 5 de febrero de 2010
España, una nueva historia (66)
Carlos comprobó las resistencias a medida que iba siendo coronado rey, primero en Castilla, luego en Aragón, finalmente en Cataluña. Su discurso en Barcelona (en catalán) le permite entender perfectamente el lugar en el mundo que busca ocupar. Mientras lo pronunciaba, la audiencia de las cortes y los magnates del país, eclesiásticos y civiles, se percataron de que sus palabras, equilibradas, y en ocasiones poéticas, ignoraban por completo la sensibilidad catalana. Anunciaba que el liderazgo iba a pasar a manos de una generación nueva, orientada hacia los asuntos internacionales, y pedía que prestasen atención a los problemas del mundo, abandonando el dorado aislamiento en el que parecían vivir a comienzos del siglo XVI. Presentaba el peligro berberisco y turco desde una perspectiva nada edulcorada, lo definía como un conflicto mediterráneo por la libertad de comercio cuya resolución estaba en manos de los catalanes, que con su propio sacrificio podían influir en el curso de los acontecimientos. La monarquía de Carlos V quería cambiar el rumbo de la historia europea, pero no conseguía crear las complicidades necesarias entre castellanos y catalanes para forjar un país al que llamar España
España, una nueva historia (66)
Carlos comprobó las resistencias a medida que iba siendo coronado rey, primero en Castilla, luego en Aragón, finalmente en Cataluña. Su discurso en Barcelona (en catalán) le permite entender perfectamente el lugar en el mundo que busca ocupar. Mientras lo pronunciaba, la audiencia de las cortes y los magnates del país, eclesiásticos y civiles, se percataron de que sus palabras, equilibradas, y en ocasiones poéticas, ignoraban por completo la sensibilidad catalana. Anunciaba que el liderazgo iba a pasar a manos de una generación nueva, orientada hacia los asuntos internacionales, y pedía que prestasen atención a los problemas del mundo, abandonando el dorado aislamiento en el que parecían vivir a comienzos del siglo XVI. Presentaba el peligro berberisco y turco desde una perspectiva nada edulcorada, lo definía como un conflicto mediterráneo por la libertad de comercio cuya resolución estaba en manos de los catalanes, que con su propio sacrificio podían influir en el curso de los acontecimientos. La monarquía de Carlos V quería cambiar el rumbo de la historia europea, pero no conseguía crear las complicidades necesarias entre castellanos y catalanes para forjar un país al que llamar España
jueves, 4 de febrero de 2010
España, una nueva historia (65)
La muerte de Felipe I desencadenó una anarquía que estuvo a punto de convertirse en una nueva guerra civil en Castilla, mientras que Fernando destituía al Gran Capitán, dejando Nápoles en manos e sus hombres de confianza, primero de su hijo natural, el conde de Ribagorza, más adelante en las de Ramón de Cardona-Anglesola, al que los rumores también hacían hijo natural del rey. Catalanes en los puestos claves, mientras que Gonzalo debía contentarse con el cargo de alguacil de Loja, cargo que por cierto le concedió la reina Juana, su máxima valedora en etos años de infortunio. Y sobre Juana se centraba toda la atención. ¿Estaba loca? ¿Qué indujo a Fernando el Católico a recluirla en Tordesillas, casi de por vida? Se trataba de un sacrifcio en bien de la patria, o por mejor decir, del Estado dinástico español que volvía a ser posible.
miércoles, 3 de febrero de 2010
España, una nueva historia (64)
Felipe de Habsburgo se hizo proclamar rey de Castilla, en razón de que su esposa Juana era la legítima heredera de Isabel la Católica. Momento de suspensión absoluta en esa etapa extrañísima de la historia de España que va de noviembre de 1504 a la primavera de 1507. Mientras el flamante Felipe I hacía realidad uno de sus más profundos deseos, su suegro Fernando el Católico, junto a su nueva esposa, Germana de Foix, reunía una poderosa flota al frente de la cual estaban los principales nobles catalanes del momento: los Cardona-Anglesola y los Requesens. Se trataba de fingir que nada iba a cambiar el Estado dinástico forjado en los años anteriores, aunque los barcos de guerra se dirigieron a Nápoles con el objetivo de eliminar al virrey Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, al cabo, un noble andaluz pese a llevar sangre de los Enríquez, la familia materna del rey.
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