viernes 13 de enero de 2012

Nada fluye


Probablemente nada fluye y todo tiembla.


Historia de las malas ideas, EDUARDO GIL BERA

jueves 12 de enero de 2012

Por mucho que cambie el PSC, él siempre está ahí


Pasan los años, el PSC cambia de líderes pero él siempre está ahí. Josep Maria Sala, condenado por Filesa que volvió a la Ejecutiva tras pasar por Can Brians, sigue ahí...

miércoles 11 de enero de 2012

Cenizas desaparecidas en L´Hospitalet de Llobregat

La opinión de una lectora hospitalense en El Periódico de Catalunya.


Desde hace 11 meses, el día 6 de cada mes mis hermanas y yo vamos al cementerio de L´Hospitalet a ponerle flores a un columnario donde están las cenizas de mi madre. La sorpresa fue cuando llegamos y allí no había nada. Nos habían avisado de que iban a hacer obras, pero que no nos causarían ninguna molestia. Fuimos a preguntar dónde estaban las cenizas y la respuesta fue que no lo sabían, y que la persona responsable no volvería hasta dentro de seis días. Así que nos quedamos con el disgusto y las flores en la mano. Lo peor es que no nos dieron ninguna explicación, ni cuándo podíamos volver. Para ellos solo son unas cenizas más, pero para nosotras, no. El próximo día 6 hará un año de su muerte y tenemos todo el derecho a poder ponerle flores.


Anna Capdevila Aguilera
L´Hospitalet de Llobregat

lunes 26 de diciembre de 2011

90 de 98 buzones, aún sin nombre

Un reportaje de Edwin Winkels en El Periódico de Catalunya.



Ideal para trabajadores del aeropuerto», reza un anuncio, en internet, de lo que el anunciante llama «un ático de lujo a estrenar», que en realidad es un 13º piso de un bloque que tiene 18 plantas, bloques de esos modernos en los que desaparecieron los áticos y sobreáticos de toda la vida, además de principales y entresuelos. Las dos habitaciones con párking se pueden alquilar por 950 euros al mes. Aunque no lo dice el anuncio, se puede garantizar, además de lujo, mucha tranquilidad: las 18 plantas suman 97 viviendas, pero muy, muy pocas están habitadas.

Me acerco ahí, a las Torres Europa, llamativos edificios en el irreconocible corazón moderno de L'Hospitalet de Llobregat, ahí donde hace apenas cinco años la Gran Via separaba Bellvitge y el Gornal del polígono Pedrosa, y donde hace 25 años esa autovía ni tenía una mediana pero sí una curva peligrosa a la altura de Bellvitge donde hasta podía yacer durante días en el arcén una mula atropellada y muerta.

Nacieron gafados, estos tres bloques de un residencial construido y promovido por Martinsa-Fadesa, inmobiliaria que en plena construcción del complejo entró en suspensión de pagos y dejaba con el corazón encogido a sus primeros compradores, que habían abonado, o estaban a punto de hacerlo, en letras hasta 100.000 euros de pisos que costaban hasta unos 600.000 euros, sin saber cuándo podrían ir a vivir ahí.

Me sitúo en la puerta de uno de los tres bloques, esperando que salga o entre un vecino, pero que nunca llega. Por la fachada acristalada, de color azul, trascienden lo que aparentan ser los trasteros, y solo tras una de las ventanas de las 18 plantas se ve ropa tendida. Predominan los carteles; dos bloques siguen en promoción con la misma Martinsa-Fadesa, que incluso tiene ahí su delegación barcelonesa en un 15º piso, el otro lo vende Caixanova Galicia, que era una de las muchas acreedoras (con 83 millones de deuda) de la inmobiliaria. En la web de la caja aparecen 18 pisos en venta en la torre del número 25-27 de la plaza de Europa, que parecen idénticos, todos de 81,9 metros cuadrados, pero que varían en precio de 380.000 a 418.000 euros, que debe de ser por la altura a que se encuentran, con mejores o menores vistas.

Mientras fuera sopla el viento, que es muy juguetón y rachado entre edificios tan altos -al lado, además, está el deslumbrante hotel Porta Fira del arquitecto japonés Toyo Ito-, logro entrar en el bloque del número 1-3 por una salida de emergencia que ha quedado abierta. Hay 98 buzones, pero en solo ocho figuran los nombres de sus inquilinos. Aparentemente, no vive nadie más. El silencio es total, los cuatro ascensores no se mueven. La distribución es curiosa: hasta la planta 13, las puertas son A, B, C, D, E y F. Y a partir de la 14, desaparece la F pero aparece la G en su lugar.

Sin locales comerciales

3 La hierba entre los bloques es verde y un poquito larga. Un operario cuelga en una góndola, presa del viento, para intentar limpiar los inacabables cristales, y entre los edificios solo pasan transeúntes procedentes de la Fira, del hotel o del centro comercial Gran Via 2 para bajar a la amplísima estación de Europa/Fira de Ferrocarrils. Una trabajadora de FGC ha salido fuera a fumar y llama a su madre. En los bajos, ninguno de los locales se ha comercializado. Una puerta está abierta, en el suelo hay agua de lluvia.

martes 20 de diciembre de 2011

"Vamos a hacer algo más, merece la pena"


Leí hace mucho tiempo la biografía de Indira Gandhi. En ella contaba cómo a su padre le aconsejaron cuando nació que tuviera rápidamente un hijo varón para evitar que ella pudiera llegar a ser Primera Ministra. Nehru les dijo a sus asesores: "El mundo no cambiará si nosotros mismos no cambiamos". Quienes estamos detrás de este proyecto nuevo, hemos decidido cambiar; en mi caso, cambiar de partido para poder seguir defendiendo los mismos valores que me llevaron a la actividad política hace más de treinta años. En el caso de la mayor parte de mis compañeros de camino el cambio ha consistido en dar un paso adelante, embarcarse en un partido político nuevo, ofrecerse a los ciudadanos, y decir en alto: "vamos a hacer algo más; merece la pena".

Rosa Díez, en el discurso de presentación oficial de UPyD.

martes 13 de diciembre de 2011

En Alemania no esconden la basura bajo la alfombra



Hace dos días se cumplieron 50 años del comienzo de la construcción del muro de Berlín y Alemania lo conmemoró. Una de las fechas más infames de la historia y Alemania ha decidido no olvidarla y es que estas cosas no hay que olvidarlas, más que nada para que no se repitan. Sin embargo aquí en España queremos borrar el pasado como el niño que cierra los ojos para que desaparezca lo que no le gusta. Aquí en España quitamos calles, monumentos, modificamos la historia, queremos cambiar nuestro funesto ayer, hacer como si nunca hubiese sucedido. Esta es la mejor manera para cometer de nuevo los mismo errores.

lunes 12 de diciembre de 2011

Bastones en alto en L´Hospitalet de Llobregat

La opinión de Emma Riverola en El Periódico de Catalunya.
Y los valientes plantaron cara con sus armas más poderosas, las más temidas: sillas de ruedas, bastones, pelo canoso y pancartas caseras. Armas capaces de sonrojar a todo aquel que tenga vergüenza, a todo aquel que no crea que los recortes del presupuesto deban afectar a la asistencia básica de los más débiles. Los abuelos del barrio de Sant Feliu de L'Hospitalet han tomado su ambulatorio dispuestos a no ceder lo que tantos años de reivindicación les costó. Hace 30 años tomaron la calle para exigir un centro de atención primaria. Ahora, de nuevo se hallan en pie de guerra. La lucha les pilla con el cuerpo más ajado y el pulso menos firme, pero su voluntad sigue irreductible como entonces. Quizá el Govern de Artur Mas crea que puede cerrarse un CAP durante un mes, pero los mayores saben que sus achaques nunca se van de vacaciones.

Cuando las imágenes de las protestas muestran ancianos con problemas de movilidad y familias desalojadas de sus hogares por no poder hacer frente a los pagos, las alarmas de la desigualdad se disparan. Podemos envolver los recortes con retórica o con silencios, pero la verdad se esconde en la lucha de esos ancianos por seguir recibiendo la atención primaria. Los cimientos del bienestar se están tambaleando. El subsuelo de la justicia se resquebraja y por sus grietas se precipitan los más débiles. Los siguientes ya andan haciendo equilibrios.

domingo 11 de diciembre de 2011

La solidaridad de un Guardia Urbano de L´H

Entrevista en El Periódico de Catalunya a Francisco J. Pérez, Guardia Urbano de L´Hospitalet de Llobregat.
Francisco Javier Pérez (Barcelona, 1958) es un guardia urbano de L'Hospitalet de Llobregat. Lleva casi 30 años pateado sus calles y andado por sus tejados. Nunca se ha limitado a poner multas, sino que es de los que van al hospital a visitar a los accidentados y a interesarse por la familia de los chavales enganchados a la droga. Una noche de 1994 se le removió la conciencia...


-Mi mujer y yo estábamos viendo Informe Semanal. Uno de los reportajes mostraba las consecuencias de un terremoto en el valle del Cauca, en Colombia. Acababa con la imagen de una niña de la comunidad páez que había perdido a sus padres en el derrumbe de una ladera. Se había quedado muda y señalaba con la mano el lugar en el que fallecieron. Me impactó tanto que, al día siguiente, fuimos los dos al consulado de Colombia a preguntar cómo podíamos apoyar a los damnificados.

-¿Se plantaron así, sin más?

-Sin más. Nos dijeron que podíamos canalizar el dinero a través de ellos, pero preferimos una respuesta alternativa. Hablamos con familiares y amigos, reunimos algo más de 300.000 pesetas, y a las dos semanas me planté en Popayán, la ciudad más próxima al desastre.

-Menudo empuje.

-Me puse en contacto con una iglesia evangélica -a la que pertenezco- y con la ayuda de un pastor, conseguí que la compañía hidroeléctrica me facilitara camiones con conductor para llevar el material que compré con las 300.000 pesetas. Botas de agua, colchones, mucho grano, tiendas de campaña.

-¿Y dice que iba usted solo?

-Sí. Y nunca había viajado más allá de París... Una vez allí, conocí de cerca la situación de los niños de la calle de Bogotá y de Medellín, y eso me volvió a herir la conciencia. Hasta el punto de que, allí mismo, tomé la decisión de combatir ese problema. Pero el dinero ya estaba agotado.

-Sin dinero...

-Al año siguiente de ir a Popayán organicé un pequeño equipo de personas vinculadas a las iglesias evangélicas en Medellín, alquilamos un piso y acogimos al primer niño, Hugo, de 13 años. Para poder crecer, se creó Vida y Libertad. Al principio, los ingresos anuales no superaban las 100.000 pesetas. Pero, gracias al apoyo de muchas iglesias, en estos 16 años hemos podido atender a 40.000 niños en nueve países. Unos 1.800 cada día.

-Querer es poder.

-Tenemos hogares en Colombia y en Honduras para unos 80 niños, pero también abrimos guarderías y damos becas escolares. Queremos que los niños puedan desarrollar su vida con normalidad, lejos de la prostitución, la delincuencia o la muerte.

-Bien mirado, es una barbaridad lo que ha conseguido.

-Un proverbio africano dice: «Personas sencillas, en lugares sencillos, realizando cosas sencillas, pueden cambiar el mundo». Cuando te marcas un norte, eres capaz de actuar. Y cuando empiezas a caminar, se implican muchas personas de gran valor. Por ejemplo, la directora del proyecto en Medellín es una chica de Esplugues licenciada en Económicas. Llevaba la contabilidad de una empresa japonesa, y cuando manifestó su inquietud por irse a Colombia a sus superiores le propusieron doblarle el sueldo. Pero se marchó, porque tenía la convicción de que era donde debía estar.

-Oiga, usted no ha dejado su trabajo en la Guardia Urbana.

-Sigo haciendo jornadas de ocho horas, ahora en la central. Me siento cómodo no teniendo ingresos de la entidad. Estoy en paz sabiendo que mi dinero procede de mi trabajo. No tengo piso en propiedad, ni coche. Tengo libertad de acción y de espíritu.

¿Y la familia le acompaña?

-Mi esposa me ha apoyado, incluso en los momentos difíciles. Hace 12 años, un grupo armado irrumpió en nuestro centro de Colombia. Robaron por valor de varios millones de pesetas. Como es gente que suele repetir, instalamos a los niños en hogares de confianza y yo pedí una excedencia en la Guardia Urbana con el fin de instalarme allí, junto al equipo. Mi mujer estaba embarazada de mi hija...

-Se ha ganado usted el cielo.

-Mi premio son las buenas notas que los niños sacan en los colegios. Ver que son felices. La solidaridad enriquece y aporta dignidad a quien la realiza. Si todo el mundo estuviera implicado en la ayuda a la tercera edad, a los niños, a las personas maltratadas en su propio vecindario, se producirían transformaciones profundas en la sociedad. Ortega y Gasset decía: «Una persona es lo que esa persona hace».